Vuelvo a las redes e inevitablemente vuelvo a entrar en conflicto. Al crear una cuenta de Instagram de nuevo me reafirmé en los motivos por los que me lo había quitado.
¿Por qué esa necesidad tan imperiosa la de muchas personas de nuestra generación de mirar y sobre todo, querer ser mirados? ¿Es algo que solo nos pertenece a nosotros?
No le encuentro el sentido para mí. Sin embargo compartir esto sí lo tiene. El hecho de pensar que posteriormente vaya a ser leído por otra persona lo completa. Completa esta intención, este gesto, esta cosa. ¿Acaso el arte no va de eso? Por grandilocuente que suene. La expresión artística, entendida en el sentido general de la palabra, sin mayor pretensión de ser otra cosa de lo que es, sin necesidad de que lo sea. La reflexión, la materialización (más torpe o no) de una idea en palabras, frases, párrafos. Una breve invitación a pensar y debatir.
¿Pero va de eso, no? De compartir, de poder ser expuesto, dispuesto, observado, mostrado, exhibido. El hombre, animal social por naturaleza dijo Aristóteles.
Después de casi un año de confinamiento también tengo ganas de volver a salir al mundo, de compartir, de intercambiar, de mirar con ojos nuevos, de escuchar a las demás.
No tengo ni la menor idea de qué estoy haciendo, solo sé que esto llegará hasta donde para mí tenga sentido.
¿Solo yo me siento así?
Díganme algo, les leo!


Deja un comentario