Empezar el día con una muestra de heces defectuosa en el bolso. Que toda tu mañana gire en torno a la mierda.
Meterte a la cama, coger el libro de relatos que tenías abandonado en la mesilla desde hace meses. Abrirlo por el boli que tenías puesto a modo de separador. Que el próximo cuento que te toque leer se titule Meconio. Que todo el cuento vaya de mierda: negras, verdes, amarillas, color mostaza Dijon.
Y a esta asombrosa capacidad de la vida para terminar de redondear un día de mierda la llamaremos justicia fecal.
P.D.: un truco para cuando tengáis que haceros una analítica de heces: poned una bolsa de plástico en el retrete, o cubridlo con papel film. De nada.



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